Categorías
Número 78

Papini ante el espejo de la niebla / Héctor Rosales

Revista Malabia número 78

Papini ante el espejo de la niebla / Héctor Rosales

I

No había muchos libros en casa. La casa natal, construida por mis abuelos maternos, el lugar donde siempre estuve en mis años uruguayos. Varias decenas de volúmenes se alineaban en dos o tres estantes pequeños de la salita de entrada, donde solíamos leer y también recibir a las visitas. El abuelo había puesto allí, mayormente, títulos en gallego, comprados en la capital y también recibidos directamente desde Galicia, mediante suscripción.
Mi padre añadió algunos títulos recomendados por amistades, o vistos en reseñas de prensa.
Gracias a él conocí a Papini, un autor que le acompañó siempre.

No recuerdo cuál fue el primer libro suyo que leí, apenas empezada mi adolescencia. Pero tengo presente las sensaciones de fortaleza, rebeldía, coraje y búsqueda profunda de aquellas respuestas que tanto deseamos conseguir. Respuestas que la existencia envuelve en una nebulosa cada vez más espesa y esquiva.
A pesar de todos los contrastes y golpes de su vida, Papini buscó la claridad, la trascendencia, la elevación de una condición humana experimentada, tantas veces combatida con un fuego vuelto hacia sí mismo. Su voz literaria mantiene en el fondo brasas que jamás terminan de apagarse. Y cuando la escritura alza su brillo, su innegable poderío, nos olvidamos de toda ceniza que presuma habernos extinguido. Queda una persona de pie, enfrentando los retos del destino.
Ese contagio, esa militancia en pro de la verdad llegó temprano a casa. Y pocos años después chocó con una época uruguaya donde autores como aquel florentino serían confinados al olvido.

Cuando tuve que marchar del país y continuar en Barcelona con el ejercicio de mis propias letras, Papini volvió un tiempo después. Eran otros libros suyos y yo un lector diferente.
Sin embargo, hubo un nexo que se mantenía intacto: una muy parecida inquietud metafísica, las preguntas esenciales sobre la realidad, la incertidumbre abrumadora. Temas especialmente frecuentados en la primera etapa del escritor italiano.

Sin tener yo ningún conocimiento del cuento que Papini publicara en 1906, y que abordaremos aquí en breve, a fines de 1979 escribí un extenso poema titulado “Espectros”, dividido en quince fragmentos, que (sin entrar en disquisiciones) pueden sostenerse de manera independiente.
Hace pocos días, agosto 2026, leí por primera vez “La última visita del caballero enfermo”. Y entonces el fragmento 9 de aquel poema mío cobró una inquietante e igualmente oscura concordancia.
Por supuesto, la temática no es exclusiva nuestra, pero hay un tono crepuscular, una extranjería compartida, incluso una identificación conjunta con el caballero del relato papiniano, que me ha traído hasta estas mismas líneas.
Comparto al final ese fragmento, como también entregamos —en otro archivo— el relato completo de Papini. Más allá de tal asociación, ustedes notarán cómo entre los pliegues interminables del laberinto, hay rincones donde coinciden huellas hacia una misma dirección.
Pero ahora vamos al relato.

II

Hay textos que no se leen; se padecen como una lenta intemperie. Giovanni Papini, antes de que el peso del mundo y las dogmáticas certezas clausuraran sus ventanas, habitó ese territorio impreciso donde la vigilia y la nada intercambian sus máscaras. De esa juventud febril y visionaria brota “La última visita del caballero enfermo”, un relato que no ha envejecido porque sus preguntas siguen estando hechas de la misma materia que nuestros miedos más antiguos.

El argumento es una herida abierta en el centro de la identidad: un hombre acude a nosotros para confesarnos que no es real, que apenas sostiene su arquitectura de carne y hueso porque alguien, en una habitación remota, lo está soñando. Su agonía no es la de la muerte física, sino la del inminente despertar del soñador, un parpadeo que lo devolverá al abismo de lo increado.

El relato puede leerse también en relación con “Niebla”, de Miguel de Unamuno, y con algunos de los territorios que más tarde serían propios de Borges. Hay un hilo invisible —pero tenaz— que une al caballero enfermo de Papini con los fantasmas que todos llevamos dentro: esos que caminan por ciudades ajenas, habitando un exilio que no es geográfico, sino ontológico.

Rescatar hoy esta traducción histórica de 1909 para las páginas de nuestra revista no es un simple ejercicio de arqueología cultural. Es un acto de resistencia poética. Es volver a mirar de frente al personaje que nos habita, con la secreta sospecha de que nosotros, los lectores, acaso también seamos el sueño fugaz de un dios que empieza a despertar.

III

ESPECTROS (fragmento 9)


Por si me vieras llegar
te confieso que nunca vendré.

Mi presencia es ausencia de Claridad,
frustrado color,
viento solo, sin banderas,
movimiento circular a la duda,
inconformismo empaquetado
en células sin voz, ni voto.

Te confieso
por si me vieras llegar,
que nunca estuve
en tu imaginado sitio,
salvo en la rara pesadilla
de un ser con rasgos inconcretos
que todavía no despierta.

____________________

Giovanni Papini (Florencia, 9 de enero de 1881 – 8 de julio de 1956) fue escritor, poeta, ensayista y crítico italiano.

Figura central de la renovación intelectual florentina de comienzos del siglo XX, participó en la fundación de la revista Leonardo (1903), junto con Giuseppe Prezzolini y otros. Y fundó Lacerba (1913), con Ardengo Soffici.

De espíritu polémico y autodidacta, atravesó distintas corrientes intelectuales antes de convertirse al catolicismo en 1919.

Entre sus obras más destacadas figuran Il crepuscolo dei filosofi (1906), Il tragico quotidiano (1906), Un uomo finito (1912), Stroncature (1916), Storia di Cristo (1921) y Gog (1931).

Su producción abarcó también la poesía, la crítica literaria, la historia de la cultura y los estudios sobre Dante, Miguel Ángel y el Renacimiento.

En 1937 fue nombrado académico de Italia.

Su obra completa fue reunida por Mondadori en diez volúmenes de Tutte le opere, publicados entre 1958 y 1966, e incluyó también escritos póstumos.

Entre estos destacan Giudizio universale (1957), La seconda nascita (1958) y Diario (1962).