

La técnica del crítico / Walter Benjamin
(Tesis y fragmentos sobre la función de la crítica)
1. El crítico es estratega en el combate literario.
2. Quien no puede tomar partido debe callar.
3. El crítico no tiene nada que ver con el intérprete de épocas artísticas pasadas.
4. La crítica debe hablar en la lengua de los artistas. Pues los conceptos del cenáculo son consignas. Y solo en las consignas resuena el grito de combate.
5. Siempre debe sacrificarse la «objetividad» al espíritu de partido cuando la causa por la que se combate lo merece.
6. La crítica es una cuestión moral. Si Goethe desconoció a Hölderlin y a Kleist, a Beethoven y a Jean Paul, no es su comprensión del arte lo que está en juego, sino su moral.
7. Para el crítico, sus colegas constituyen la instancia superior. No el público. Y mucho menos la posteridad.
8. La posteridad olvida o ensalza. Solo el crítico juzga ante el rostro del autor.
9. La polémica significa destruir un libro en unas pocas de sus frases. Cuanto menos se lo haya estudiado, mejor. Solo quien puede destruir puede criticar.
10. La verdadera polémica se ocupa de un libro con tanto amor como un caníbal prepara a un lactante.
11. Al crítico le es ajeno el entusiasmo por el arte. La obra de arte es, en sus manos, el arma desnuda en la lucha de los espíritus.
12. El arte del crítico, en suma: acuñar consignas sin traicionar las ideas. Las consignas de una crítica insuficiente venden el pensamiento a la moda.
13. El público debe tener siempre la razón equivocada y, sin embargo, sentirse siempre representado por el crítico.
II. La crítica y el contenido de verdad
El conjunto de la literatura existente sobre obras poéticas induce a atribuir la prolijidad de estas investigaciones más a un interés filológico que a uno crítico. Fácilmente podría inducir a error, por ello, la exposición que sigue, detallada incluso en sus pormenores, sobre “Las afinidades electivas”. Podría parecer un comentario; pretende, sin embargo, ser una crítica.
La crítica busca el contenido de verdad de una obra de arte; el comentario, su contenido de hecho. La relación entre ambos determina una ley fundamental de la literatura: cuanto más importante es una obra, más discreto e íntimamente ligado a su contenido de hecho se encuentra su contenido de verdad.
Si, por tanto, son duraderas precisamente aquellas obras cuya verdad está más profundamente hundida en su contenido de hecho, durante esa duración los elementos concretos de la obra se hacen cada vez más visibles para quien la contempla, a medida que mueren en el mundo. Así, el contenido de hecho y el contenido de verdad, unidos en la primera época de la obra, se separan en apariencia con el paso del tiempo: el segundo permanece oculto, mientras el primero sale a la luz.
Para cada crítico posterior, la interpretación de lo llamativo y extraño, es decir, del contenido de hecho, se convierte así en una condición previa. Puede comparársele con el paleógrafo ante un pergamino cuyo texto desvaído queda cubierto por los trazos de una escritura más vigorosa que se ha superpuesto a él. Del mismo modo que el paleógrafo tendría que comenzar por leer la escritura más reciente, el crítico debe comenzar por comentar.
Y de ahí surge, de golpe, un criterio inapreciable para su juicio: solo entonces puede plantearse la cuestión crítica fundamental, si la apariencia del contenido de verdad se debe al contenido de hecho o si la vida del contenido de hecho debe su existencia al contenido de verdad. Pues, al separarse en la obra, ambos deciden sobre su inmortalidad. En este sentido, la historia de las obras prepara su crítica y, por eso, la distancia histórica acrecienta su fuerza.
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NOTA: selección y traducción tomados de La técnica del crítico en trece tesis, incluido en Calle de dirección única (1928), y de Las afinidades electivas de Goethe (1924-1925).
